16/2/11

¿Los une la solidaridad o el terror?


Esa es la pregunta que se hace la sociedad hoy, por la rápida respuesta que dio el sindicalismo argentino, ante la detención del Momo Venegas, ordenada por el cuestionado juez Oyarbide.
No se puede negar que la velocidad con que reaccionó la CGT, liderada por Hugo Moyano, sorprendió a todos, incluso al propio gobierno, que debió girar sobre sus pasos, en cuanto a la operación política que había pergeñado contra el sindicalista rural, enviando un disparo por elevación, hacia el precandidato a presidente, por el Peronismo Federal, Eduardo Duhalde.
Pero ante las manifestaciones de adhesión, por parte de los afiliados del campo, que crecía y amenazaba con incrementarse más y el apoyo del líder de los camioneros, obligaron al sospechado juez a desandar el camino original programado y apurar su libertad.
Ahora el interrogante sigue pendiente: ¿qué une a los sindicalistas en la Argentina? Porque internamente están divididos; con sólo ver el comunicado de la central obrera se nota que sale en defensa del sindicalista rural, pero con reservas. Es evidente que quienes ocupan los cómodos sillones cegetistas y de sus respectivos gremios venderán caro sus lugares y no están dispuestos a abandonar sus cómodas y muy bien remuneradas vidas.
No es fácil explicar cómo muchos de ellos pasaron de ser ignotos personajes dentro de sus gremios a poderosos empresarios, que no sólo se beneficiaron económicamente, sino que posicionaron muy bien a familiares y amigos, a través de un accionar corrupto descarado. La ambición los ha llevado a que los veamos pelearse con desesperación para lograr la mayor ventaja en obtención de fondos por las obras sociales, y en esta ocasión vieron peligrar sus privilegios, ante el avance de la Justicia, fisgoneada por el Gobierno pero no lo van a permitir. Por más que tengan grandes diferencias entre sí, actúan como movimientos corporativos y le hacen sentir al Ejecutivo quién es el dueño del poder.
No son solidarios entre ellos, sólo tienen terror de perder su situación de privilegio, sus cuantiosas fortunas, que no podrían soportar una minuciosa investigación judicial, los espurios negocios en sus obras sociales, en fin un sinnúmero de condiciones que les permiten disponer de un aparato electoral, que les da el derecho de decidir a qué candidato beneficiar y a quién destruir.

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